
Ahí estuvo desde que la creamos, cuando decidiste desaparecer sin nunca más mirar atrás, (con esa frialdad que aun hoy en día me sigue sorprendiendo) hasta hoy en la mañana; allí seguía, al lado de mi cama, en donde podía monitorear que aún respiraba.
Mi caja caótica neutral, llena de nosotros, de tus letras, de tu olor, de las sonrisas que decidí guardar para siempre, esas que se dibujaban cuando pensaba en ti, en nosotros, en el próximo fin de semana, en los próximos años juntos (esos que tú mismo dibujaste, sin piedad, fuiste tú, fuiste tú quién tomó el pincel).
Y si, ya entiendo la razón por la que nunca abriste la tuya...
Recuerdo constantemente tus últimas palabras, frías y duras, recuerdo mi abrazo y mis lagrimas, tratando de detenerte, mi beso de despedida y ver el taxi alejarse.
Hoy la caja caótica neutral se ha mudado, a algún sitio en el que no pueda verla a diario.






















